Fueron unas de las primeras mujeres que se atrevieron a entrar al vestuario del periodismo deportivo ecuatoriano, un territorio que hasta entonces parecía vedado para ellas.
En las cabinas de Atalaya, Súper K 800, Sucre, CRE y Huancavilca abrieron micrófonos y caminos, mientras afuera nacía el grupo musical “Kirubas” y, por asociación, el apodo se les quedó pegado como un sello de época.
Cada una, sin embargo, escribió su propia crónica: con voz, estilo y momento distintos, pero con la misma valentía de quien entra a un estadio lleno de hombres y decide que también ese espacio le pertenece.
Yury Zapatier llegó en 1989 a Radio Atalaya, cuando el deporte en la radio era cosa de hombres y a las mujeres apenas se les permitía un rincón.
Empezó en el borde de campo y en la locución, entre gritos de gol, silbatos y el olor a césped y emoción.
Con el tiempo, su nombre se volvió referencia obligada: hoy se la reconoce como “la madre del periodismo deportivo” en Ecuador, esa pionera que demostró que una mujer podía narrar, preguntar y estar en el centro de la acción sin pedir permiso.
Mis respetos. Hoy, bajo su consumismo periodístico perfila en la Asociación de Fútbol del Guayas su experiencia. Sigue siendo risueña aunque llora por dentro. Una excelente profesional.
Margarita Constante irrumpió en 1995, cuando el país ya tenía sus primeras mujeres en la prensa deportiva, pero aún faltaba mucho por conquistar.
Lo hizo desde Radio Huancavilca y Radio Caravana, entre noticias, transmisiones y esa rutina de quien vive pegada al resultado, al minuto, al último dato.
Fue coordinadora de noticias deportivas en Súper K 800 y sigue siendo parte de ese ecosistema que ella ayudó a normalizar: una mujer al mando de la información deportiva, con la autoridad de quien lleva décadas en el oficio.
Se abrió paso sin pedir permiso. Sigue luchando por su liquidación que le es esquiva pero no descuida su momento en un micrófono.
Analiza, educa, entretiene y aún sigue virando coello porque su figura se mantiene.
De Cristel Valencia hay menos huellas documentadas en los registros académicos, pero su presencia queda en la memoria de quienes la escucharon en las emisoras deportivas de Guayaquil, en esos años en que el deporte se vivía más por la radio que por las pantallas.
Se la asocia con la ola de mujeres que entraron a las cabinas deportivas y, como las otras, cargó con el apodo de “kiruba” sin dejar que definiera su estilo.
Su momento fue ese punto de inflexión en que ya no causaba extrañeza ver a una mujer hablando de fútbol, aunque todavía hubiera que demostrar, partido a partido, que se estaba a la altura.
Luego tomo un avión y se fue a la tierra del Tío Sam. Allá le esperaba tiempo mejores y los supo aprovechar. Luego de su paso por la MLS está en el departamento de comunicación de la FIFA. Alto nivel. Representante de Ecuador. Made in Kirubas.
Su escuela en radio Sucre y bajo la tutela del desaparecido Gustavo Álvarez, quien la cuidaba como hija, dio sus frutos.
Hace contados meses estrechamos saludos en el Mundial de Fútbol 2026 (EEUU, MÉXICO Y CANADÁ). Sigue intacta. Y con un crecimiento que no tiene techo.
Leonela Magallanes Leon llegó en 1995 a Radio Atalaya y luego pasó a CRE Satelital, donde construyó una trayectoria de más de dos décadas cubriendo encuentros deportivos.
Ella misma ha contado que, al inicio, a las mujeres solo les daban cinco minutos al aire y que ejercer la profesión no fue fácil: había prejuicios, miradas, resistencias.
Con el tiempo, su voz se volvió parte del paisaje deportivo del país, de esas que ya no sorprenden por ser mujer, sino por la solidez de su trabajo.
Tuvo un receso pero para agarrar fuerzas y seguir en estás líneas de educar, entretener e informar. Bien por la famosa Leonela que tiene un atributo especial: no solo lo habla y analiza sino que lo práctica...hasta mejor que muchos periodistas.
Mónica Orellana entró al periodismo deportivo en Radio Huancavilca alrededor de 2010, ya con el camino un poco más abierto por las que vinieron antes.
Como periodista y coordinadora de noticias en la emisora, se hizo cargo de la información deportiva en una cabina que históricamente había sido territorio masculino.
Su momento es el de la continuidad: la prueba de que lo que empezaron Yuri, Margarita, Cristel, Leonela y las demás ya no era una excepción, sino una presencia normalizada en las redacciones deportivas.
La nominaron Mi Gorda Bella por su capacidad, entrega, dedicación y por su sonrisa a flor de piel.
En esa época el grupo musical “Kirubas” puso el nombre; ellas pusieron el significado. En esa época, ser “kiruba del deporte” era casi un chiste, un guiño a que eran mujeres en un mundo de hombres.
Hoy, ese mismo apodo suena a homenaje: a las que abrieron la puerta, a las que se quedaron, a las que marcaron estilo en Atalaya, Súper K 800, Sucre, CRE y Huancavilca, y a las que, romántica y melancólicamente, todavía se escuchan en la memoria de quienes crecieron con el deporte en la radio.
Del tintero de :
Antonio Rodríguez Pazos, MSc.
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